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estrellas tejidas

  • May. 29th, 2008 at 12:02 PM
vainilla
Sexto capítulo de pasillos solitarios







Cloe se despierta.
Ha soñado con la pareja de ayer. Se pregunta si hoy se los encontrará por el castillo. Seguramente no. Son personas sin rostro, como ella.
Se levanta de la cama y se va al baño para asearse y comenzar otro nuevo y pesado día en Hogwarts. Encima de la silla de al lado de su cama, se encuentra su ropa limpia y planchada (benditos elfos). Se pone su falda, sus calcetines grises altos, su camisa blanca, su jersey gris y se anuda la corbata tejona.
Le encanta ser Tejona. Es un sentimiento que lleva muy adentro. Tiene todas las virtudes que su santa fundadora Helga creó para ellos. Es honesta, tranquila, justa, trabajadora. Leal. En muy pocas ocasiones ha tenido la oportunidad de serle leal a alguien, y que alguien sienta la confianza suficiente en ella.
- Ellos se lo pierden. - susurra para si.


Cloe llega al vestíbulo, pero se encuentra con que éste está lleno de gente. La gente rodea a McGonagall que está intentando hablar lo más alto posible, pero el murmullo se lo impide.
- ¡Sonorus! - grita alto - Así está mejor. - dijo con el ceño fruncido. - Alumnos, hoy se decreta fiesta en Hogwarts, por el cumpleaños de la muerte del fundador del Hospital San Mungo, Mungo Bonham, cosas de vuestro director. - mencionó con cierta irritación. - Las clases quedan suspendidas durante todo el día. Todo aquel que quiera ir a Hogsmeade, tiene permiso. Pero antes deberá pasar por el despacho de Filch y firmar en la lista de salidas. Gracias. Que paséis un feliz día. ¡Quietus!
Los alumnos rompieron en gritos de alegría y comenzaron a amontonarse en la Escalera Principal para irse a sus salas comunes y prepararse para el día festivo.
Cloe los miró inexpresivamente y se fue para el Gran Comedor a desayunar.

Otra mañana soleada en el mundo mágico. Un par de nubes vaporosas tiñen de blanco el grandioso manto azul intenso de aquel día.

Cuando Cloe acabó de desayunar, salió del Gran Comedor, y se sentó en las escaleras que daban a su Sala Común.
¿Cuál es el planteamiento del día? ¿Quedarse en Hogwarts y pasar el día en biblioteca? ¿O irse a Hogsmeade y consumir como una cosaca?
Ideas tentadoras se enredan en su cabeza.
Le gustaría acabar la redacción sobre bubotubérculos, pero también mirar escaparates y comprar mucho chocolate. Se queda pensativa... Libros o chocolate... Difícil decisión.


Cloe firma en el libro de salidas de Filch, y avanza contenta hacia al pueblo mágico.

Es uno de sus lugares favoritos. Revosante de magia, Hogsmeade se convierte en un punto de encuentro entre magos y brujas que quieren disfrutar del paisaje y ambiente mientras hacen sus compras. Y allí estaba Cloe para pasárselo pipa comiendo chocolate mientras devoraba los escaparates.
Tal vez pareciera raro que Cloe, una chica introvertida y solitaria, le pirrara ir a las tiendas, tanto exóticas y únicas, como a las más multitudinarias, pero a ella le encantaba observar, fijarse en los pequeños detalles, absorver todos los olores nuevos, imaginarse con vestidos y ropa originales y extravagantes.
Cloe baja atenta y contenta por la calle principal.

Pista 7, The Best Damn Thing.

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Algunas brujas adultas con grandes sombreros van en grupo, charlando animadamente, hacia el salón de té de Madame Tudipié.
Una madre riñe a su hijo por habérsele caído su donut de calabaza al suelo.
Una parejita va cogida de la mano, mientras mira el curioso escaparate de La Casa de las Plumas.
Cloe sigue su camino, silenciosamente pero a ritmo de Avril Lavigne, y se para en el bullicioso escaparate de Honeydukes y entra dentro para comprar su chocolate.
Está petado de gente, un murmullo constante llena la tienda de vida, aunque los gritos excitados de los niños curiosos no cesan. Cloe espera su turno paciente. Varios chavales la empujan sin disculparse.
- Maleducados - murmura enfadada.
Recuerda las kilométricas colas de Navidad y verano, cuando la tienda está más concurrida; siempre lo está, pero en esas fechas son el punto más álgido para las compras compulsivas.
Cloe pasea la mirada por la tienda. A parte de chocolate, ¿qué más le apetece? Se sabe la tienda de memoria, pero siempre, siempre hay productos nuevos, y el amable matrimonio que regente la tienda te los enseña con toda la paciencia del mundo.
- ¿Eres la última? - le dicen por detrás.
Cloe se gira y recuerda. El chico con quien se topó en el vestíbulo. Aquel Raven.
- Creo que sí. - Cloe mira a los lados. - Con tanta cola que hay, ninguno sabe si es el primero o el último.
El chico sonríe y asiente. Cloe se gira de nuevo. Puntos suspensivos.

Cloe sale de la tienda (después de media hora) con su querida bolsa de Honeydukes (las colecciona, otra costumbre rara, el coleccionar bolsas). Su bolsa lleva tres grandes tabletas de chocolate, una bolsa de meigas fritas, 2 Ranas de chocolate (le falta 40 para acabar la colección), un par de plumas de azúcar hilado y una cajetilla de seda dental con sabor a menta.
Y baja calle abajo, más feliz que unas castañuelas. Y llega hasta Tiros Largos Moda. Mira su monedero. 20 galeones, 12 sickles y 9 knuts. No está mal. Pero no tiene intenciones de comprarse nada, sólo quiere curiosear un poco.

Entra en la tienda de ropa que en aquellos instantes está medio vacía.
- Más espacio para mí. - se dice para si y sonríe.
Hay cada antigualla, para las iaias, se imagina, aunque han puesto cosas monas, como túnicas rosas y lilas, o faldas de seda rojo pasión y pantalones de satén marrón. Va dando círculos por la tienda, y de repente, siente la llamada.
Unos rayitos transparentes iluminan una falta corta negra con estrellas amarillo-mostaza. Cloe se queda boquieabierta. Ha sido un flechazo. Amor a primera vista. Cloe se acerca lentamente a esa preciosa y original falda.

- Hola - le susurra - ¿Me has llamado? - dice Cloe picarona.


Cloe sale de Tiros Largos Moda con una bolsa más, y dentro de ésta, una falda de lo más... Cloe. Tiene ganas de ponérsela y así ver las estrellas (nunca mejor dicho).

Pista 5, Serenata para piano.

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Ha llegado la hora de comer, pero Cloe no ha acudido. Está gozando su tableta de chocolate sentada, contemplando el soleado paisaje bajo la sombra de un cerezo. Pequeños pétalos le van cayendo sobre su falda nueva, mientras se imagina admirando una noche estrellada junto a un galán de guante en blanco, cogidos de la mano y susurrando palabras de amor con sabor a piano.







Espero que os haya gustado.


Anna CuRu Black

lolita

  • May. 29th, 2008 at 11:55 AM
witch

Quinto capítulo de pasillos solitarios.




Cloe pasea después de cenar por los pasillos de Hogwarts; hoy toca la quinta planta, en la ala este del castillo. Se afloja un poco la corbata y se desabrocha dos botones de la camisa.
Hoy hace calor en Hogwarts, y ella pasea feliz con un helado de vainilla, su preferido, que le han dado los elfos en las cocinas.
Lame el helado con devoción. Mmm... vainilla. Un sabor que pocos saben apreciar, un sabor sacado de las vainas de semillas de la orquídea Vainilla, que se deshace lentamente en el paladar y su exotismo se expande por todos los poros de la piel.
Cloe lo disfruta a su manera y es feliz.
Pasa por delante de la estatua de Gregory el Halagador, comiendo su helado cuando, de repente, oye unas respiraciones entrecortadas.

Dos bocas luchan en una guerra sin cuartel. En una guerra en la que da igual quien gane, puesto que ambos saldrán victoriosos. Una batalla por el deseo, la pasión y la lujuria.

Una chica de Gryffindor y un chico de Slytherin.

La morbosidad de aquella escena hace que los planes de merodear por el castillo se esfumen de la cabeza de Cloe. Y se esconde detrás de unas columnas.
Cloe observa como la pequeña lolita introduce su mano dentro del pantalón del chico.

Pista 20, Moi... Lolita.

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La niña debe ser de segundo, y el chaval, de quinto.
Cloe no aparta la vista a esa mano juguetona. Él suelta un gemido. La niña sonríe y saca la lengua como una culebra en celo.

¿Qué es lo que quieren ambos? Es obvio. Él, un alivio. Ella, experiencia. Pero hacerlo de aquella manera, a escondidas, pegados, en un piso donde no pasa nadie, pero a la vez vigilado por los prefectos, donde los cuadros miran y se regozan, o los alumnos nuevos puede perderse; todo aquello hace que el momento sea perfecto y excitante.
Eso es lo que siente Cloe: excitación. Ha comenzado a morderse el labio y sus ojos se han dilatado, creando un efecto hipnótico. Si alguien la observara observando aquella escena en ese mismo instante, comenzaría a babear.
Los dos botones desabrochados no son suficientes para aguantar el calor mental que está padeciendo.
Esos dos no paran. Ella se ha quitado la cinta que le sujeta su bonita coleta, y ahora parece más leona que nunca. Él, en cambio, parece que ha empequeñecido y se ve absorvido por los poderes sobrenaturales de la chica, y parece algo confundido.

Cloe nota algo húmedo en su mano. ¡El helado! Se le había olvidado por completo. Se lame los dedos que han quedado bañados por la vainilla, de una manera tan... tan... sexual, que hasta ella misma se averguenza.
Acaba de comerse el helado derretido y continúa observando, contemplando, viendo, examinando, mirando, presenciando, espiando y estudiando, cómo es posible que con tan sólo mirar a dos alumnos calientes, esté ella disfrutando tanto. Y cuando se dice tanto, percibe que su mano se está deslizando dentro de la falda.
Y se le nubla levemente la vista. ¿Qué es lo que busca ella? Placer, se dijo sin dar tiempo al pensamiento.
Se asusta de su propia mente. Y mientras se da cuenta que ya va siendo hora de dejar de ser una "santa", la pareja ha desaparecido detrás de una puerta. 
El divertimiento de Cloe se había ido a hacer coses lletges.


Mientras Cloe volvía hacia la Sala Común, se le vinieron encima mil interrogantes. 
¿Estaba dispuesta a amar de nuevo?
¿Estaba segura qué quería una relación?
¿Quería experimentar de nuevo aquella sensación de placer?
¿Haría sus propias reglas del juego?
¿Su corazón aguantaría un nuevo golpe de desamor?
No lo tenía nada claro. Pero lo que sí deseaba es que aquellos momentos que había experimentado escondida, callada, ardiente, devorando a la pareja con la mirada, se volviera a repetir, pero en carne viva.



Cloe entra en la habitación, y sus compañeras ya se están metiendo en sus camas para descansar después de una horrible y agotadora tarde en clase de Pociones. Cloe se va al baño y se mira al espejo. Se acicala el pelo como esa lolita. Roar. Ruge. Se siente leona. Se mira fijamente y se dice:
- Te voy a comer.





Espero que os haya gustado!

Anna CuRu Black

vuelo tormentoso

  • May. 29th, 2008 at 11:47 AM
witch

Cuarto capítulo de pasillos solitarios






Una tormenta se acerca.

El aire azota las ventanas de la clase de Encantamientos.

Flitwick se balancea un poco sobre la montaña de libros.

Cloe queda hipnotizada por las nubes. Quiere salir y sentir como la tormenta viene hacia ella, como el viento y los rugidos de los truenos la amenazan. Es una sensación de lo más placentera. Sólo quedan 5 minutos para acabar la clase. Hoy pasa de comer. Quiere tormenta. Quiere lluvia. Quiere deshacerse con el barro y la hierba fresca.

Suena la campana, y Cloe sale disparada de la clase. Pasa por delante de la estatua de la bruja jorobada, y llega hasta las escaleras movedizas, se detiene un segundo y las baja a zancadas. Algunos alumnos se quejan a su paso, pero ella ya no los escucha, sólo tiene oídos para las gotas que están comenzando a caer.
Derrapa cuando llega a la segunda planta, y ve algunas niñas de segundo gritando escandalosamente después de hechizar a la armadura que está cerca del despacho de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Sigue bajando deprisa; en la primera planta, alumnos de cuarto salen de la clase de Historia de la Magia con caras somnolientas, y algún que otro estudiante sale de la enfermería con visibles síntomas de haber comido turrón sangranarices para saltarse clase de la tienda Sortilegios Weasley.

Cloe desciende la escalera que da al vestíbulo, y le llega el olor de la tierra mojada. Sonríe.

Pista 13, Silver and Cold.


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Sale fuera. Y la lluvia comienza a mojarla. Está eufórica. El sonido de las baterías en su cabeza le suben la adrenalina, y comienza a correr hacia el campo de quidditch. Quiere correr y volar. Tener una escoba ahora sería genial. A lo mejor hay algunas guardadas en el escobero. Se detiene y medita.

- ¡Accio Barredora 5! - grita.

Una escoba sale disparada de ninguna parte y vuela veloz hacia Cloe.
- Genial - dice sonriente.

Se monta y le da un golpe al suelo con el pie derecho. Y comienza a ascender; la escoba vibra de magia en sus manos, parece como si ella también quisiera probar la lluvia virgen de las nubes grises. Se impulsa hacia arriba y se eleva hacia el cielo, y comienza a gritar como loca. Cloe no dice nada en concreto, sólo se desfoga, son gritos de rabia, odio, agobio, sufrimiento, lloros, todo lo contenido durante varias semanas, lo está expulsando en esos instantes.
Sobrevuela el campo de quidditch, y ve como el equipo de Gryffindor comienza a salir al campo para entrenarse.
Le gusta montar en escoba, otra de sus aficiones secretas. Quiere ahorrar para poderse comprar una Nimbus 2000 y darse paseos por los terrenos e ir a Hogsmeade cuando le plazca.

A Cloe le pica la curiosidad, y desciende levemente dirigiéndose al Lago Negro. El Calamar Gigante ha salido a jugar con la lluvia, sus tentáculos se convierten en formas sinuosas como si estuviera invocando la tormenta o bailara un ritual pagano. Algunos alumnos aventureros se acercan a las orillas del Lago para observar al descomunal Architeuthis dux.
Cloe se desliza por el acantilado de Hogwarts y vuelve otra vez a los terrenos. Le ha entrado hambre. Le apetece comer y después tomar el postre en el alféizar de su habitación mientras el cuerpo y el pelo se le secan con la suave brisa del viento lluvioso.


Cloe entra toda mojada en el vestíbulo, como otros alumnos, y se va al Gran Comedor. Muchos ya están terminando la comida, pero ella se sienta tranquilamente, y se pone en el plato un par de patatas asadas y un buen trozo de pavo. Mmm... qué delicioso aroma.
Qué bien se siente todo cuando la lluvia ha empapado y hundido la pesada piedra llamada soledad en el abismo de la mente. 





Espero que os haya gustado :)

 

Anna CuRu Black

lluvia sensorial

  • Nov. 14th, 2007 at 11:13 AM
vainilla
Tercer capítulo de pasillos solitarios.

Cuando una está sola en su intimidad es donde las dudas, la incertidumbre, los deseos, la imaginación, vuelvan alrededor de tu cuerpo adueñándose de mente. Cloe es frágil y propensa a este fenómeno sensorial.



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A Cloe le gusta ducharse después de comer, cuando no hay nadie en la habitación y no tiene que estar escuchando los bufidos de las gatas salvajes de sus compañeras para que se de prisa.
Después de una comilona tranquila y silenciosa, Cloe se dirigió con paso sosegado hacia su Sala Común; estaba siendo un domingo de lo más normal, muchos alumnos volvían de nuevo a Hogwarts después de haber pasado el fin de semana con sus familias, algunos venían de Hogsmeade tras hacer algunas compras de subministro estudiantil, véase un par de botellas de cerveza de mantequilla, caramelos y una buena tableta de chocolate de Honeydukes.
Cloe los miraba con envidia, no porque los otros alumnos hubieran ido a ver a sus familiares y haber pasado unos fantásticos días con ellos, no. Cloe quería el chocolate, uno de sus pocos vicios después de los libros y su olor a vejez y sabiduría.

Cloe se desnuda sin pudor (puesto que no hay nadie en la habitación) y se dirige al baño corriendo. El agua ya está calentita, se quita las gafas y las deja encima del lavabo, y se mete dentro de la bañera.
El agua cae a chorro, directamente sobre su cara, golpéandole con furia, enrojeciendo sus mejillas. Una agradable sensación. Gira entorno a si misma para que el agua la moje por completo. El vapor comienza a llenar el baño, convirtiendo aquella experiencia en algo místico y sacado de un cuento de fantasía. Cloe se mira (como puede, apretando mucho los ojos para aclarar la vista); mira sus pechos y en su mente comienza a sonar Sway y ríe a carcajadas. Por culpa de la versión de Michael Bublé hizo, en la comunión de su primo, el ridículo más grande jamás visto.
Había escogido un precioso pero sencillo vestido marrón con escote para la ocasión, quién sabe si había peces a los que pescar, aunque lo dudaba (y después se confirmó con un 80% de vejestorios, 10% de adultos y 10% de niñatos). Mientras bailaba la canción en la pista con su primo, en el estrebillo se emocionó tanto, que contorsionó su cuerpo, giró, saltó y no sabe qué tonterías más, que se le salió un pecho.
Aquel día el rojo intenso de la avergonzada cara de Cloe eclipsó Marte.
Sacudió la cabeza. Conectó con su gramófono interior.

Pista 3, Sakura Kiss para piano.


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Mientras las gotas caen por su cuerpo, nota como si el agua le tocase, como si fuera un piano, suave y delicado pero a la vez, firme y contundente. La vibración comienza desde el cuello, extendiéndose lentamente por los hombros con un leve hormigueo y descendiendo como caballos galopando por sus brazos hasta llegar a los dedos, que electrificados por el sabor y el ritmo complaciente de la música, hacen que Cloe se estremezca.
Cloe se fija (nota) en una inocente gota que cuelga de sus labios, ésta intenta con todas sus fuerzas no caer al suelo de la bañera para así dejar de existir, la gota perla y humedece sus labios, carnosos y finos, cálidamente. Cloe desliza su lengua desde las profundidades de su boca, cual serpiente, y recorre con la punta los labios suavemente, notando su tacto y destruyendo al fin la gota guerrera que nunca podrá tener la oportunidad de ver el mar.
Sonríe para si y se agacha para coger el jabón. Tiene que adelgazar, sea como sea, con ese cuerpo no va a ninguna parte, sus michelines van en aumento y su autoestima también, cada vez que se mira en el espejo. Nadie se fija en ella, nadie se gira cuando su larga y ondulada melena negra esparce con dulzura su perfume de vainilla por los pasillos del castillo, nadie se qued embobado cuando se muerde los labios (maldita costumbre), nadie se queda prendado de su mirada melosa y penetrante con esos ojos marrones-miel que se esconden detrás de sus gafas de metal.
Nadie. 5 letras. Cinco letras que le duelen en lo más profundo de su alma, pero que tendría que llevar consigo para siempre, como una pesada y dura carga, hasta que... alguien, rozándole la mano, le dijera un "¿Te ayudo?" y entonces su mundo se iluminaría, las estrellas brillarían con intensidad y una sonrisa explosionaría en su boca.
Siempre acaba pensando en cosas tristes, no tiene remedio. Se acaba de enjabonar las fuertes piernas que piden verano, sus partes íntimas, el cuello, los brazos, y vuelve a dejar que el arrollador mar de sensaciones llamado agua, la envuelva de vapor y pensamientos húmedos.

Cloe está sentada en la cama, secándose con fuerza el pelo con la toalla, mientras mira la tarde color azul aterciopelada por el sol.
Un domingo más se esfuma como el soplo a un diente de león.




Espero que os haya gustado :)

Anna CuRu Black

mañanitas

  • Nov. 12th, 2007 at 10:21 AM
mañanitas
Segundo capítulo.

Una de esas mañanas en las que te quieres comer el mundo porque hace un día cojonudo y te importa un bledo la gente, que la gente mire, susurre y critique cómo eres, cómo vistes o cómo pienses. Cloe es rebelde porque el mundo la hizo así.





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Cloe se despierta, abre los ojos, se sitúa en el mundo, se aclara la visión y ve el techo de su dosel. Se incorpora lentamente, y hace una mueca de dolor por la postura de ayer en la biblioteca.
- Maldita sea - gruñe.
Coge las gafas de la mesa y se las pone, y el mundo cobra sentido y forma. Al final no hizo el trabajo de Transformaciones, pero bueno, es sábado y tiene todo el tiempo que quiera: no ha quedado con nadie, no tiene que ir a visitar a nadie, ni le hace falta hablar con nadie. ¿O sí? A veces ni recuerda lo que es una conversación, pero no quiere recordar, así que aparta los fantasmas de su mente zarandeando la cabeza y se levanta sin hacer ruido.
La estúpida de Juliette roncaba sonoramente. La amargada y flacucha de Adriana se fue a acostar a las tres de la mañana, pegando un portazo a la puerta de la habitación, que ojalá se hubiera pillado los dedos. En cambio, Ashley... bueno, Ashley estaba durmiendo de una forma muy rara, como ella, parecía que estuviera haciendo yoga. Ala, ya tenía un nuevo mote para su compañera de habitación, Ashley la Heroína Recostada.
Cloe se despereza, y se va al baño. Se mira al espejo.
- Vaya careto, por Merlín...
Abre el grifo y por el rabillo del ojo ve unos calzoncillos.
- Qué coño... - exclama. Coge su varita y los levanta, como si fueran algo contagioso, mirándolos con cara de asco. No es que nunca hubiera visto ningunos, su hermano muggle Michael era bastante marrano y siempre los dejaba por todos lados, echaba de menos sus quejas y sus gritos, "¡LOS DEJO DONDE ME SALE DE LOS HUEVOS!", entonces su madre le lanzaba un palalingua, y se le hinchaba la vena de la cabeza. Qué risas, y qué tiempos aquellos. Ahora Michael ya tenía su familia hecha, con un trabajo estable y con una amante a la que pagaba sus horas extras con horas de sexo anónimo y falso.
Dejó los calzoncillos otra vez encima de la cesta, sin querer preguntarse quién sería su dueño. Se lavó la cara y los dientes, se echó un par de gotas de perfume de vainilla, y se fue de nuevo a la habitación.
Ashley la Heroína Recostada sigue con su postura. Mary, en cambio, está siguiendo los pasos de Juliette, y comienza a roncar, y encima se le ven esas bragas de conejitos rosas, que siempre lleva, y Cloe simula una arcada. Son las diez de la mañana y duermen profundamente como si fueran las cuatro.


Saca el baúl de debajo de la cama, y coge unos pantalones cortos crema, unas braguitas y un sujetador, sus manoletinas amarillas, una camiseta de manga corta blanca y la chaquetilla gris de Hufflepuff. Su mente pone el gramófono en marcha.


Pista 10, I love rock 'n' roll.


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Mmm... mucho mejor, una canción marchosa de buena mañana, y es que es una mañana preciosa y dan ganas de comerse el mundo.
Se vistió rápido, las tripas le rugían, tarareaba a ritmo de rock, y salió de la habitación dando un fuerte golpe con la puerta (chúpate esa, Adriana)
En la Sala Común había más movimiento, chicos y chicas de cuarto esperaban a sus compañeros para ir a desayunar, dos chavales de primero revisaban sus baúles para el viaje del fin de semana, un grupito de cuatro chicas bostezaron al unísono como zombies. Cloe pasó por el retrato, salió de la bodega y subió las escaleras. Le llegaba el riquísimo olor de las tostadas recién hechas, salivó un poco y subió más rápido, y de pronto, te topó con un Ravenclaw, cuando salió al vestíbulo.
- ¡Ay! Perdona - enrojeció Cloe.
- No pasa nada. - El chico de pelo castaño sonrió levemente y se marchó hacia el Gran Comedor.
Cloe lo siguió junto con la multitud hambrienta.

El Gran Comedor está bullicioso esa mañana, se nota en el ambiente que es sábado, un día para el descanso y las siestas debajo de los árboles. Cloe se dirige a la mesa de Hufflepuff. La gente saluda efusivamente a sus compañeros que entran por la gran puerta de roble para que se sienten con ellos, habiéndoles guardado un sitio, otros se desean los buenos días, otros se ríen de los pelos que llevaba Wyatt, de Gryffindor, que siempre va muy desaliñado, pero aquella mañana parece que ha pasado toda la noche dando vueltas en una lavadora muggle.

A Cloe nadie la espera, nadie le guarda el sitio, nadie le desea los buenos días, así que se sienta lo más cerca a la puerta de Gran Comedor, comienza a devorar las ricas tostadas con mermelada de frambuesa mientras le da de vez en cuando un sorbo a su zumo de calabaza.

El murmullo aumenta, y Cloe sube el volumen a Joan Jett. So come an' take your time an' dance with me.





Espero que os haya gustado :)

Anna CuRu Black

susurros en la biblioteca

  • Nov. 9th, 2007 at 6:56 PM
susurros
Primer capítulo de pasillos solitarios.

Con reminiscencias de mi propio pasado, voy construyendo a Cloe. La biblioteca es el lugar sagrado de Cloe, una especie de refugio donde nadie la mira, donde nadie nota su presencia, y donde Cloe ha construido su propia burbuja donde sólo existen ella y su mente. 



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Cloe entra en la biblioteca.
- Joder, está a petar - susurra.
Cloe se escabulle por entre los pasadizos laberínticos de la biblioteca, pasando al lado de un grupo de chicas que la miran al pasar y cuchichean cuando se aleja. Le llaman la "pringada", la "solitaria", la "margi", la "virgencita". Cloe pasaba de los comentarios, ya llevaba varios años curada de espanto y de opiniones desagradables, así que sigue caminando, erguida, y busca desesperadamente "su" sitio preferido en la biblioteca, entre las estantería de historia romana y limpieza mágica, por donde la gente no se pasa.

Su sitio está vacío (como siempre), así que deja sus cosas encima de la larga mesa, enciende la lamparita y se sienta.
- Vaya día de mierda. Qué ganas tengo que llegue el Banquete e ir cagando leches a la común. - dice Cloe enfurruñada.

Cloe no es muy asidua a estar rodeada de grandes multitudes, no tiene amigos, si no, conocidos, así que su existencia en Hogwarts es más que transparente, pero sobrevive. La biblioteca es su refugio y los pasillos de Hogwarts, carreteras de soledad donde poder perderse.

Le encanta pasearse por ellos por la noche y las tardes de los sábados y domingos, cuando la gente no ha llegado aún de sus viajes; tal vez parece una vida aburrida, sin sentido, sin una brújula de la cual guiarse, pero a ella no le importa, mientras su burbuja siga a flote, los demás escualos y especies marinas pasan desapercibidos para ella.
Cloe tiene pendiente un trabajo de Transformaciones sobre hechizos no verbales; su sexto curso iba bien y estaba siendo entretenido e interesante, pero no sabía porqué, pero había otras cosas que le entorpecían su mente... No quiere recordar. Joder, ese momento fue muy amargo y deprimente, como lo es su vida.
Ella se lo negó a si misma en tercero. Él se llamaba Lukas. Tenía 14 años y era un Slytherin. No podía ser de otra casa, no. Qué estúpida, ¡por Merlín! El chaval estaba (y está) muy cañón, era muy aplicado en Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras y Encantamientos, le encantaban las criaturas mágicas; le gustaban los días lluviosos, por lo tanto, jugar a quidditch bajo la lluvia le encantaba. Era golpeador, o sea, estaba musculoso, y tenía culo estupendo; se llevaban bastante bien, compartían horas y risas apagadas en la biblioteca, se pasaban los apuntes y se regalaban meigas fritas entre clase y clase.

Un día, en la vida de Cloe, se dijo que tenía que decírselo, que estaba enamorada, colada, enchochada, perdidísima, colgada, pillada, que era su fan número 1; mientras estaban esperando a Snape en las mazmorras, se lo soltó, de sopetón.
- megustasmucho - dijo de carrerilla toda roja.
Lukas, avergonzadísimo, le cogió de la mano, le acarició la mejilla, y le dijo que lo sentía, lo sentía mucho, que la quería mucho como amiga, que era genial y simpatiquísima, pero que...
- Soy gay.
Cloe palideció. El corazón le explotó y gritó en silencio que alguien llamara a la Pomfrey porque se estaba muriendo, y sangraba, sangraba a borbotones, pero era sangre transparente en forma de lágrimas, y echó a correr.

Estuvo horas deambulando como un inferi por los pasillos, hasta que Filch la pilló y la sacó de su empanamiento y la castigó con limpiar a mano los trofeos. Mejor eso que pensar en una vida maravillosa con un chicarrón listo y guapo, que la amaría y la respetaría, hasta que encontrara una mejor. Amén.

Cloe se ha quedado dormida encima de los brazos, una lágrima salada perla su mejilla, y, de pronto, la señora Pince la despierta llamativamente (pero con dulzura).
- Cloe, Cloe, despierta, ya es la hora de cenar, venga. - la zarandea un poco y se va.
Cloe bosteza silenciosamente, se levanta y recoge sus cosas. Y se dirige hacia la gran puerta de la biblioteca de Hogwarts, un castillo lleno de almas solitarias en busca de almas gemelas en alquiler.




Me quedé muy satisfecha con este final y con este principio de la historia. Una chica de lo más normal y común rodeada de gente que la ignora como ella a ellos.

Espero que os haya gustado :)

Anna CuRu Black

razones para escribir(la)

  • Nov. 9th, 2007 at 10:54 AM
pasillos


¿No os ha pasado nunca que lleváis todo el día con una idea grande en la cabeza, una idea indefinida, invisible, incolora, pero que os inquieta el estómago y hace que os vibren las manos?

Pues a mí me pasaba eso cuando iba camino de casa, después de salir de la universidad. Mi "snitch" unipersonal comenzó a revolotear por mi cabeza, dándome el coñazo y empezó a iluminar la bombillita de la imaginación.

Aunque tengo un lapsus mental de aquel viaje en ferrocarril hasta casa, sólo me acuerdo del momento en que comencé a buscarle un título a la historia que sabía que tras escribir el primer capítulo, me dejaría satisfecha. Punto y final. 
Nunca pensé que Cloe seguiría más allá de los primeros 6 o 7 capítulos, más que nada, porque soy de esas personas que empiezan una cosa y no la acaban. Así que, escribir el primer capítulo me alivió. Y me sentí en paz. 
Pero claro... se lo comenté a mis amigos para que lo leyeran y resulta que les encantó... Y tuve que continuar.

Continuar. Continuar. Y continuar. Ellos me dan fuerzas. Los necesito. Os necesito.

Así que... brujas y magos les presento a Cloe, una bruja de 16 años con aptitudes solitarias, adicta al chocolate y más traviesa que una snitch apunto de ser atrapada.


Espero que disfrutéis de la lectura como yo lo hago escribiendo.






Y ésta es la autora.

Si es que me tendrían que encarcelar...